Succubus Revealed,Traducido por Pargulin
Afortunadamente, ningún diccionario o bate entró en juego, y Seth y yo pasamos una noche agradable juntos. Me despidió por el fin de semana de buen humor, y durante el tiempo que estuve con él, era fácil creer que todo esto podría terminar bien. Una vez que comencé las partes tediosas de viajar sola, las dudas comenzaron a establecerse.
El viaje hasta el aeropuerto, la seguridad, las instrucciones de seguridad… todas pequeñas cosas en sí mismas, pero cada una comenzó a pesar sobre mí. No podía ver a Seth mudándose a Las Vegas – no en corto plazo, al menos. Eso dejaba una relación a distancia, y era difícil imaginarnos en viajes como este todos los… maldición, ni siquiera sabía con qué frecuencia. Y había otro problema. ¿Qué era lo que exactamente significaban las relaciones a distancia? ¿Visitarse todas las semanas? ¿Cada mes? Con visitas demasiado frecuentes terminaríamos irritados con los viajes. Con muy pocas algunos dirían que estar en "stad by" sería complicado.
Seguir Leyendo...
Así que, naturalmente, estaba demasiado ansiosa para cuando mi vuelo aterrizó en Las Vegas. Y, extrañamente, encontré consuelo recordando las palabras de Jerome, de todas las cosas. Si Seth y yo habíamos sobrevivido al gran problema de una relación inmortal-mortal, entonces, ¿Que importaba un viaje en avión de dos horas frente a eso?
Podíamos hacer que funcionara. Teníamos que hacerlo.
“¡Allí está!”
Una atronadora y familiar voz, me sorprendió mientras estaba esperando por mi equipaje. Me di la vuelta y me encontré mirando el buen aspecto bronceado de Luis, Archidemonio de Las Vegas. Dejé que me envolviera en un abrazo gigante, algo que logró con una delicadeza extraordinaria, teniendo en cuenta el oso de un hombre que era.
“¿Qué estás haciendo aquí?” Pregunté, una vez que esos musculosos brazos me dejaron en libertad. La comprensión me golpeó. “No estás aquí para me recogerme, ¿Verdad? Quiero decir, ¿No tienes empleados que tienen empleados para hacer ese tipo de cosas?”
Luis me sonrió, sus ojos negros brillantes. “Claro, pero no podía confiar en un subordinado para que recogiera a mi succubus favorita.”
“Oh, detente,” gemí. Mi maleta dio la vuelta en la cinta de equipaje, pero cuando fui a cogerla, Luis me apartó a un lado y la levantó fácilmente. Mientras lo seguía hacia el estacionamiento, ni siquiera podía empezar a imaginarme a Jerome hacer algo como eso.
“Búrlate, pero la mayoría de las succubus por aquí me aburren hasta las lágrimas. Maldición, la mayoría de nuestro personal aquí lo hace,” dijo Luis. “Obtienes una amplia gama de personalidades y niveles de talento con tanta gente. Excepcionales y nada excepcionales. Tú, mi querida, eres excepcional.”
“No tienes que tratar de engatusarme para el trabajo,” le dije, sonriendo a pesar de mí misma. “No es como si tuviera elección.”
“Cierto,” asintió. “Pero quiero que seas feliz aquí. Quiero que todos los que trabajan para mí esparzan historias sobre lo maravilloso que soy. Aumenta mi credibilidad en la conferencia anual de la compañía.”
“Jerome está tratando de aumentar la suya haciéndonos vencer a los empleados de Nanette jugando a los bolos.”
Luis se echó a reír y nos condujo a un flamante Jaguar negro estacionado en doble fila en la zona para minusválidos. Una vez que había guardado mi maleta, incluso llego tan lejos como para abrirme la puerta. Antes de arrancar el coche, se inclinó y con complicidad me susurró, “Si quieres cambiar de forma, ahora es tu oportunidad mientras estamos todavía adentro.”
“¿Cambiar de forma en qué?”
Se encogió de hombros. “Estás en Las Vegas. Vive el estilo de vida. No hay necesidad de resignarse a pantalones vaqueros y zapatos cómodos. Un vestido de cóctel. Lentejuelas. Un corsé. Quiero decir, mírame a mí.”
Luis hizo un gesto grandilocuente a sí mismo, como si fuera posible no notar el magnífico traje italiano y sin duda, hecho a medida, que llevaba puesto.
“Todavía no es mediodía,” le señalé.
“No importa. Me visto así en el instante en que me levanto de la cama.”
Con una mirada tímida alrededor del exterior del garaje, rápidamente cambie la ropa de mi viaje a un mini vestido con un hombro que envolví a mí alrededor al estilo Griego. La tela plateada brillaba cuando capturaba la luz correcta. Mi pelo largo, de color marrón claro, lo dejé igualmente glamoroso. Luis hizo un gesto de aprobación.
“Ahora estás lista para el Bellagio.”
“¿El Bellagio?” Pregunté, impresionada. “Pensé que sería empujada a algún cutre motel a diez millas del Strip.” Amplifiqué mi maquillaje por si acaso.
“Bueno,” dijo, retrocediendo el coche, “ese es en realidad lo que el presupuesto normal permite cuando se trata de visitas de empleados nuevos. Fui capaz de tirar de algunos fondos extra – y recurrí a mis propios bolsillos – para mejorarlo un poco.”
“No tenías para que hacer eso,” exclamé. “Yo podría haber pagado por mi propia habitación en alguna parte.” Sin embargo, incluso mientras lo decía, sabía que si acumular fondos a lo largo de los siglos era fácil para alguien como yo, sería de un millón de veces más fácil para alguien con la larga vida de Luis. El coche y su traje fueron comprados probablemente con cambio que llevaba en los bolsillos con sus ingresos. Hizo un gesto con la mano para despedir mis preocupaciones.
“No es nada. Además, mi coche probablemente sería robado si lo estaciono en uno de esos lugares de ‘presupuesto-amistoso’.”
Una lectura del tablero del coche me dijo que la temperatura exterior no estaba tan lejos de la de Seattle, en diciembre. La diferencia estaba en la luz.
“Oh, Dios mío,” dije, entrecerrando los ojos para mirar por la ventana. “No he visto el sol en dos meses.”
Luis se rió entre dientes. “Ah, espera hasta el verano, cuando las temperaturas golpeen los tres dígitos. Cocina a la mayoría de la gente con vida, pero a alguien como tú, le va a encantar. Caliente y seco. No baja a menos de ochenta por la noche.”
Me encantaba Seattle. Incluso sin Seth en la imagen, podría haber sido feliz allí durante muchos, muchos años. Sin embargo, tenía que admitir que mi única debilidad con la región era el clima. En relación con los extremos de la costa este, Seattle tenía un clima muy agradable para vivir. Eso significaba que no tenía mucho de nada. No muy frío, y ciertamente no muy caluroso. El calor que teníamos en pleno verano era fugaz, y la suavidad del invierno se veía empañada por la lluvia y las nubes. En febrero, estaba por lo general dispuesta a empezar a consumir botellas enteras de vitamina D. Había crecido en las playas del Mediterráneo y aún las extrañaba.
“Esto es grandioso,” le dije. “Me gustaría haber venido de visita, mientras hacía más calor.”
“Oh, no tendrás que esperar mucho tiempo,” me dijo. “Otro mes como este, y luego la temperatura comenzará a subir. Podrás sacar tu bikini en marzo.” Pensé que podría ser un poco exagerado, pero aún así, le regresé la sonrisa.
Nos acercábamos al Strip y toda su gloria. Los edificios se hicieron más extravagantes y de apariencia más costosa. Las aceras y calles más llenas de gente. Vallas publicitarias anunciaban todas las formas imaginables de entretenimiento. Era como un parque temático para adultos.
“Pareces muy feliz aquí,” le dije.
“Sí,” coincidió Luis. “Tuve mucha suerte. No sólo el lugar es grandioso, sino que manejo uno de los mayores grupos de servidores Infernales del mundo. Cuando vi tu nombre aparecer, pensé: ‘Tengo que traerla aquí’.”
Algo en sus palabras puso una grieta en las gafas de color rosa con las que estaba viendo las vistas maravillosas a mí alrededor. “¿Cuando mi nombre apareció?”
“Por supuesto. Recibimos correos electrónicos todo el tiempo de traslados, ofertas de trabajo, lo que sea. Cuando vi que estabas siendo trasladada fuera de Seattle, me dije que tenía que conseguirte.”
Me volví hacia la ventana lateral para que no pudiera ver mi cara. “¿Cuánto tiempo hace de eso?”
“Oh, no lo sé. Hace un tiempo.” Rió entre dientes. “Sabes cuánto tiempo toman estas cosas.”
“Sí,” dije, tratando de mantener la voz ligera. “Lo sé.”
Era exactamente lo que Roman y yo habíamos hablado: acerca del cuidadosamente largo tiempo que el Infierno se tomaba con las decisiones del personal. Roman juraba que las circunstancias que rodeaban esta transferencia eran sospechosas e implicaban prisa. Sin embargo, Luis se estaba comportando como si todo hubiera salido a lo largo de acuerdo con el procedimiento perfecto.
¿Era posible que en realidad hubiera habido sólo algún descuido con la notificación a Jerome de mi transferencia?
También era posible, pensé, que Luis estuviera mintiendo. No quería creer eso de él, pero sabía que no importa lo fácil y agradable que parecía, todavía era un demonio al final del día. No podía permitirme darle plena confianza por su encanto. Teníamos un dicho favorito entre mis amigos: ¿Cómo puedes saber si un demonio está mintiendo? Sus labios se mueven.
“Me sorprendió absolutamente ser transferida,” le dije. “He sido feliz en Seattle. Jerome dijo… bueno, él dijo que era porque soy una empleada holgazán. Que estaba siendo movida por mi mal comportamiento.”
Luis soltó un bufido y se detuvo en el camino de entrada del Bellagio. “Lo hizo, ¿eh? Bueno, no te rindas, cariño. Si deseas una razón para que te dejen ir, mi suposición es que tiene algo que ver con Jerome siendo convocado y dejar que nephilims y criaturas de los sueños hayan corrido desenfrenados con su succubus.”
No tenía nada que decir al respecto, pero por suerte, llegamos a la entrada del hotel y cedió el coche a un valet, que parecían estar familiarizado con Luis y sus generosas propinas. Entrando en el Bellagio, pronto fui inundada de estímulos – color, sonido y vida. Muchas de las personas que se desplazan dentro y fuera estaban vestidos glamorosamente, como nosotros, pero un montón de gente promedio de “todos los días,” caminaban a través de el también. Era una mezcla de todas las clases sociales y culturas, todos aquí, unidos en la búsqueda de placer.
Igualmente abrumadora era la intensa ola de emoción humana. No tenía ningún poder mágico que me dejara “ver” las emociones, exactamente, pero era muy buena leyendo rostros y expresiones. Era ese mismo don que el me dejaba elegir a los afligidos y sin esperanza en el centro comercial. Esto era lo mismo, excepto que magnificado cien veces. La gente abría la gama completa de esperanza y entusiasmo. Algunos estaban alegres y entusiastas, ya sea embriagados por el triunfo o dispuestos a arriesgar todo por el triunfo por venir. Otros claramente lo habían intentado – y habían fracasado. Sus rostros estaban llenos de desesperación, incredulidad por la forma en la que habían terminado en esta situación y dolor por su incapacidad para arreglar las cosas.
Igual de evidente eran las marcas buenas. Algunos chicos iban tan descaradamente merodeando buscando ligar que yo podría haberles hecho proposiciones aquí, y en este mismo momento. Otros eran cebos ideales para succubus, chicos que habían venido aquí diciendo que iban a mantenerse en línea – pero que fácilmente podrían traspasar el borde de la tentación con la adecuada sutileza. Aun con todo mi corazón atado a Seth, no podía dejar de tomar y florecer con todas las miradas de admiración que recibía. De repente estaba contenta de haber tomado la sugerencia de Luis de cambiar de forma.
“Tan fácil,” murmuré, mirando a nuestro alrededor mientras esperábamos el ascensor. “Están allí como…”
“¿Ganado?” Sugirió Luis.
Hice una mueca. “No es exactamente la palabra que iba a decir.”
“No hay mucha diferencia.”
Un ascensor se abrió, y un lindo chico de veintitantos años me hizo un gesto para que entrara. Le sonreí encantadoramente, amando el efecto que obtuve. Después de que bajo en su piso, Luis me guiñó un ojo y se inclinó para susurrar en mi oído.
“Es fácil acostumbrarse, ¿eh?”
El siguiente era nuestro piso, y Luis asintió con la cabeza a la derecha cuando se abrió la puerta. A unos pasos por el pasillo, me di cuenta de algo. “¿Tengo una suite?” Le pregunté, sorprendida. “Eso es mucho, incluso para hacer una buena impresión."
“Ah, bueno, eso es porque no tuve la oportunidad de decírtelo todavía. Tienes una suite, ya que tiene más espacio. Tienes que compartir con otro empleado nuevo.”
Casi hice un chirrido al frenar. Allí estaba, la trampa en lo que sería, de lo contrario, una fantasía recubierta de azúcar. Me imaginaba a mí misma compartiendo habitación con otra succubus e inmediatamente sabía que iba tener que buscar otro alojamiento. Succubus obligadas a mucha cercanía dejaban el drama de los reality shows en vergüenza.
“No quiero incomodar a nadie,” le dije con delicadeza, preguntándome cómo podría salir de esto.
Luis llegó a una puerta y sacó una tarjeta. “No, el lugar es enorme. Dos dormitorios y una sala de estar y cocina que puede funcionar para siempre. Abrió la cerradura y la puerta. “Podrían evitarse todo el fin de semana si quieres. Pero de alguna manera, no creo que lo hagas.”
Estaba a punto de cuestionar eso, pero de repente, no fue necesario. Habíamos entrado en una sala de estar tan extensa como Luis había prometido, todas líneas elegantes y muebles modernos, de colores en tonos de verde y oro con detalles de madera oscura. Una larga ventana ofrecía una vista panorámica de la ciudad, y un hombre estaba de pie frente a ella, admirando el panorama.
No podía ver su rostro, y algo me dijo que incluso si pudiera, probablemente no lo reconocería. Eso no importaba. Lo conocía por su firma inmortal, los marcadores sensoriales únicos que lo distinguían de los demás. Casi no lo podía creer, incluso cuando se dio la vuelta y me sonrió.
“¿Bastien?” Exclamé.
El viaje hasta el aeropuerto, la seguridad, las instrucciones de seguridad… todas pequeñas cosas en sí mismas, pero cada una comenzó a pesar sobre mí. No podía ver a Seth mudándose a Las Vegas – no en corto plazo, al menos. Eso dejaba una relación a distancia, y era difícil imaginarnos en viajes como este todos los… maldición, ni siquiera sabía con qué frecuencia. Y había otro problema. ¿Qué era lo que exactamente significaban las relaciones a distancia? ¿Visitarse todas las semanas? ¿Cada mes? Con visitas demasiado frecuentes terminaríamos irritados con los viajes. Con muy pocas algunos dirían que estar en "stad by" sería complicado.
Seguir Leyendo...
Así que, naturalmente, estaba demasiado ansiosa para cuando mi vuelo aterrizó en Las Vegas. Y, extrañamente, encontré consuelo recordando las palabras de Jerome, de todas las cosas. Si Seth y yo habíamos sobrevivido al gran problema de una relación inmortal-mortal, entonces, ¿Que importaba un viaje en avión de dos horas frente a eso?
Podíamos hacer que funcionara. Teníamos que hacerlo.
“¡Allí está!”
Una atronadora y familiar voz, me sorprendió mientras estaba esperando por mi equipaje. Me di la vuelta y me encontré mirando el buen aspecto bronceado de Luis, Archidemonio de Las Vegas. Dejé que me envolviera en un abrazo gigante, algo que logró con una delicadeza extraordinaria, teniendo en cuenta el oso de un hombre que era.
“¿Qué estás haciendo aquí?” Pregunté, una vez que esos musculosos brazos me dejaron en libertad. La comprensión me golpeó. “No estás aquí para me recogerme, ¿Verdad? Quiero decir, ¿No tienes empleados que tienen empleados para hacer ese tipo de cosas?”
Luis me sonrió, sus ojos negros brillantes. “Claro, pero no podía confiar en un subordinado para que recogiera a mi succubus favorita.”
“Oh, detente,” gemí. Mi maleta dio la vuelta en la cinta de equipaje, pero cuando fui a cogerla, Luis me apartó a un lado y la levantó fácilmente. Mientras lo seguía hacia el estacionamiento, ni siquiera podía empezar a imaginarme a Jerome hacer algo como eso.
“Búrlate, pero la mayoría de las succubus por aquí me aburren hasta las lágrimas. Maldición, la mayoría de nuestro personal aquí lo hace,” dijo Luis. “Obtienes una amplia gama de personalidades y niveles de talento con tanta gente. Excepcionales y nada excepcionales. Tú, mi querida, eres excepcional.”
“No tienes que tratar de engatusarme para el trabajo,” le dije, sonriendo a pesar de mí misma. “No es como si tuviera elección.”
“Cierto,” asintió. “Pero quiero que seas feliz aquí. Quiero que todos los que trabajan para mí esparzan historias sobre lo maravilloso que soy. Aumenta mi credibilidad en la conferencia anual de la compañía.”
“Jerome está tratando de aumentar la suya haciéndonos vencer a los empleados de Nanette jugando a los bolos.”
Luis se echó a reír y nos condujo a un flamante Jaguar negro estacionado en doble fila en la zona para minusválidos. Una vez que había guardado mi maleta, incluso llego tan lejos como para abrirme la puerta. Antes de arrancar el coche, se inclinó y con complicidad me susurró, “Si quieres cambiar de forma, ahora es tu oportunidad mientras estamos todavía adentro.”
“¿Cambiar de forma en qué?”
Se encogió de hombros. “Estás en Las Vegas. Vive el estilo de vida. No hay necesidad de resignarse a pantalones vaqueros y zapatos cómodos. Un vestido de cóctel. Lentejuelas. Un corsé. Quiero decir, mírame a mí.”
Luis hizo un gesto grandilocuente a sí mismo, como si fuera posible no notar el magnífico traje italiano y sin duda, hecho a medida, que llevaba puesto.
“Todavía no es mediodía,” le señalé.
“No importa. Me visto así en el instante en que me levanto de la cama.”
Con una mirada tímida alrededor del exterior del garaje, rápidamente cambie la ropa de mi viaje a un mini vestido con un hombro que envolví a mí alrededor al estilo Griego. La tela plateada brillaba cuando capturaba la luz correcta. Mi pelo largo, de color marrón claro, lo dejé igualmente glamoroso. Luis hizo un gesto de aprobación.
“Ahora estás lista para el Bellagio.”
“¿El Bellagio?” Pregunté, impresionada. “Pensé que sería empujada a algún cutre motel a diez millas del Strip.” Amplifiqué mi maquillaje por si acaso.
“Bueno,” dijo, retrocediendo el coche, “ese es en realidad lo que el presupuesto normal permite cuando se trata de visitas de empleados nuevos. Fui capaz de tirar de algunos fondos extra – y recurrí a mis propios bolsillos – para mejorarlo un poco.”
“No tenías para que hacer eso,” exclamé. “Yo podría haber pagado por mi propia habitación en alguna parte.” Sin embargo, incluso mientras lo decía, sabía que si acumular fondos a lo largo de los siglos era fácil para alguien como yo, sería de un millón de veces más fácil para alguien con la larga vida de Luis. El coche y su traje fueron comprados probablemente con cambio que llevaba en los bolsillos con sus ingresos. Hizo un gesto con la mano para despedir mis preocupaciones.
“No es nada. Además, mi coche probablemente sería robado si lo estaciono en uno de esos lugares de ‘presupuesto-amistoso’.”
Una lectura del tablero del coche me dijo que la temperatura exterior no estaba tan lejos de la de Seattle, en diciembre. La diferencia estaba en la luz.
“Oh, Dios mío,” dije, entrecerrando los ojos para mirar por la ventana. “No he visto el sol en dos meses.”
Luis se rió entre dientes. “Ah, espera hasta el verano, cuando las temperaturas golpeen los tres dígitos. Cocina a la mayoría de la gente con vida, pero a alguien como tú, le va a encantar. Caliente y seco. No baja a menos de ochenta por la noche.”
Me encantaba Seattle. Incluso sin Seth en la imagen, podría haber sido feliz allí durante muchos, muchos años. Sin embargo, tenía que admitir que mi única debilidad con la región era el clima. En relación con los extremos de la costa este, Seattle tenía un clima muy agradable para vivir. Eso significaba que no tenía mucho de nada. No muy frío, y ciertamente no muy caluroso. El calor que teníamos en pleno verano era fugaz, y la suavidad del invierno se veía empañada por la lluvia y las nubes. En febrero, estaba por lo general dispuesta a empezar a consumir botellas enteras de vitamina D. Había crecido en las playas del Mediterráneo y aún las extrañaba.
“Esto es grandioso,” le dije. “Me gustaría haber venido de visita, mientras hacía más calor.”
“Oh, no tendrás que esperar mucho tiempo,” me dijo. “Otro mes como este, y luego la temperatura comenzará a subir. Podrás sacar tu bikini en marzo.” Pensé que podría ser un poco exagerado, pero aún así, le regresé la sonrisa.
Nos acercábamos al Strip y toda su gloria. Los edificios se hicieron más extravagantes y de apariencia más costosa. Las aceras y calles más llenas de gente. Vallas publicitarias anunciaban todas las formas imaginables de entretenimiento. Era como un parque temático para adultos.
“Pareces muy feliz aquí,” le dije.
“Sí,” coincidió Luis. “Tuve mucha suerte. No sólo el lugar es grandioso, sino que manejo uno de los mayores grupos de servidores Infernales del mundo. Cuando vi tu nombre aparecer, pensé: ‘Tengo que traerla aquí’.”
Algo en sus palabras puso una grieta en las gafas de color rosa con las que estaba viendo las vistas maravillosas a mí alrededor. “¿Cuando mi nombre apareció?”
“Por supuesto. Recibimos correos electrónicos todo el tiempo de traslados, ofertas de trabajo, lo que sea. Cuando vi que estabas siendo trasladada fuera de Seattle, me dije que tenía que conseguirte.”
Me volví hacia la ventana lateral para que no pudiera ver mi cara. “¿Cuánto tiempo hace de eso?”
“Oh, no lo sé. Hace un tiempo.” Rió entre dientes. “Sabes cuánto tiempo toman estas cosas.”
“Sí,” dije, tratando de mantener la voz ligera. “Lo sé.”
Era exactamente lo que Roman y yo habíamos hablado: acerca del cuidadosamente largo tiempo que el Infierno se tomaba con las decisiones del personal. Roman juraba que las circunstancias que rodeaban esta transferencia eran sospechosas e implicaban prisa. Sin embargo, Luis se estaba comportando como si todo hubiera salido a lo largo de acuerdo con el procedimiento perfecto.
¿Era posible que en realidad hubiera habido sólo algún descuido con la notificación a Jerome de mi transferencia?
También era posible, pensé, que Luis estuviera mintiendo. No quería creer eso de él, pero sabía que no importa lo fácil y agradable que parecía, todavía era un demonio al final del día. No podía permitirme darle plena confianza por su encanto. Teníamos un dicho favorito entre mis amigos: ¿Cómo puedes saber si un demonio está mintiendo? Sus labios se mueven.
“Me sorprendió absolutamente ser transferida,” le dije. “He sido feliz en Seattle. Jerome dijo… bueno, él dijo que era porque soy una empleada holgazán. Que estaba siendo movida por mi mal comportamiento.”
Luis soltó un bufido y se detuvo en el camino de entrada del Bellagio. “Lo hizo, ¿eh? Bueno, no te rindas, cariño. Si deseas una razón para que te dejen ir, mi suposición es que tiene algo que ver con Jerome siendo convocado y dejar que nephilims y criaturas de los sueños hayan corrido desenfrenados con su succubus.”
No tenía nada que decir al respecto, pero por suerte, llegamos a la entrada del hotel y cedió el coche a un valet, que parecían estar familiarizado con Luis y sus generosas propinas. Entrando en el Bellagio, pronto fui inundada de estímulos – color, sonido y vida. Muchas de las personas que se desplazan dentro y fuera estaban vestidos glamorosamente, como nosotros, pero un montón de gente promedio de “todos los días,” caminaban a través de el también. Era una mezcla de todas las clases sociales y culturas, todos aquí, unidos en la búsqueda de placer.
Igualmente abrumadora era la intensa ola de emoción humana. No tenía ningún poder mágico que me dejara “ver” las emociones, exactamente, pero era muy buena leyendo rostros y expresiones. Era ese mismo don que el me dejaba elegir a los afligidos y sin esperanza en el centro comercial. Esto era lo mismo, excepto que magnificado cien veces. La gente abría la gama completa de esperanza y entusiasmo. Algunos estaban alegres y entusiastas, ya sea embriagados por el triunfo o dispuestos a arriesgar todo por el triunfo por venir. Otros claramente lo habían intentado – y habían fracasado. Sus rostros estaban llenos de desesperación, incredulidad por la forma en la que habían terminado en esta situación y dolor por su incapacidad para arreglar las cosas.
Igual de evidente eran las marcas buenas. Algunos chicos iban tan descaradamente merodeando buscando ligar que yo podría haberles hecho proposiciones aquí, y en este mismo momento. Otros eran cebos ideales para succubus, chicos que habían venido aquí diciendo que iban a mantenerse en línea – pero que fácilmente podrían traspasar el borde de la tentación con la adecuada sutileza. Aun con todo mi corazón atado a Seth, no podía dejar de tomar y florecer con todas las miradas de admiración que recibía. De repente estaba contenta de haber tomado la sugerencia de Luis de cambiar de forma.
“Tan fácil,” murmuré, mirando a nuestro alrededor mientras esperábamos el ascensor. “Están allí como…”
“¿Ganado?” Sugirió Luis.
Hice una mueca. “No es exactamente la palabra que iba a decir.”
“No hay mucha diferencia.”
Un ascensor se abrió, y un lindo chico de veintitantos años me hizo un gesto para que entrara. Le sonreí encantadoramente, amando el efecto que obtuve. Después de que bajo en su piso, Luis me guiñó un ojo y se inclinó para susurrar en mi oído.
“Es fácil acostumbrarse, ¿eh?”
El siguiente era nuestro piso, y Luis asintió con la cabeza a la derecha cuando se abrió la puerta. A unos pasos por el pasillo, me di cuenta de algo. “¿Tengo una suite?” Le pregunté, sorprendida. “Eso es mucho, incluso para hacer una buena impresión."
“Ah, bueno, eso es porque no tuve la oportunidad de decírtelo todavía. Tienes una suite, ya que tiene más espacio. Tienes que compartir con otro empleado nuevo.”
Casi hice un chirrido al frenar. Allí estaba, la trampa en lo que sería, de lo contrario, una fantasía recubierta de azúcar. Me imaginaba a mí misma compartiendo habitación con otra succubus e inmediatamente sabía que iba tener que buscar otro alojamiento. Succubus obligadas a mucha cercanía dejaban el drama de los reality shows en vergüenza.
“No quiero incomodar a nadie,” le dije con delicadeza, preguntándome cómo podría salir de esto.
Luis llegó a una puerta y sacó una tarjeta. “No, el lugar es enorme. Dos dormitorios y una sala de estar y cocina que puede funcionar para siempre. Abrió la cerradura y la puerta. “Podrían evitarse todo el fin de semana si quieres. Pero de alguna manera, no creo que lo hagas.”
Estaba a punto de cuestionar eso, pero de repente, no fue necesario. Habíamos entrado en una sala de estar tan extensa como Luis había prometido, todas líneas elegantes y muebles modernos, de colores en tonos de verde y oro con detalles de madera oscura. Una larga ventana ofrecía una vista panorámica de la ciudad, y un hombre estaba de pie frente a ella, admirando el panorama.
No podía ver su rostro, y algo me dijo que incluso si pudiera, probablemente no lo reconocería. Eso no importaba. Lo conocía por su firma inmortal, los marcadores sensoriales únicos que lo distinguían de los demás. Casi no lo podía creer, incluso cuando se dio la vuelta y me sonrió.
“¿Bastien?” Exclamé.






7 comentarios:
aunque habéis tardado un poquito...diooss , tres a la vez . gracias! :D
bastien?? :O
MUCHISIMAS GRACIAS por los capis!!!!!!!!!!!!
se q lleva mucho tiempo hacer las traducciones y la hacen por nosotros, hace que mil gracias
espero los proximos :)
Gracias chicas, son geniales, espero la proxima tirada de capìtulos =)
Mil gracias, sin ustedes no podrìa leer ni una palabra de este libro =)
Mil gracias chicas pro los 3 capitulos
no sabes como lo estuve esperando.
Esta historia cada vez se pone mejor, sigan así :)
MUCHISIMAS GRACIAS CHICAS!!!
BESOS!!!
Gracias chic@s Son unos soles!!! Me muero por saber que pasa y porque esta Bastian ahí!!!!!!
Pregunta aparte, traduciríais los relatos de Night Huntress??
Publicar un comentario en la entrada