SR-CAPITULO 2

Traducido por Pau24.


Me tomó un momento comprender realmente que en 30 segundos, la conversación había cambiado desde un misterio profundamente serio sobre mi vida amorosa a jugar bolos por los derechos para presumir demoniacos. Aun así, este no era un patrón particularmente inusual en mi mundo.

“Y por ‘nosotros,’” añadió Jerome. “Me refiero a ustedes cuatro.” Hizo un gesto con la cabeza hacia Peter, Cody, Hugh, y yo.

“Lo siento,” dije. “Déjame asegurarme que estoy entiendo bien esto. Nos has inscrito en algún tipo de liga de bolos. Una en la que ni siquiera vas a participar. Y esto de alguna manera va a probarle al mundo la ‘maldad’ de tus empleados.”

Seguir Leyendo...
“No seas tonta. No puedo participar. Los equipos de bolos solo tiene cuatro integrantes.” No comentó sobre la parte de probar la maldad.

“Bueno, oye, te cederé totalmente mi lugar,” dije. “No soy tan buena jugadora.”

“Será mejor que te conviertas en una.” La voz de Jerome se volvió fría. “Todos ustedes, si saben lo que les conviene. Si ustedes pierden, Nanette se volverá insoportable en la próxima reunión de la compañía.”

“Caramba, Jerome. Amo jugar bolos,” dijo Carter. “¿Por qué nunca me contaste sobre esto?”

Jerome y Carter se miraron a los ojos por varios segundos. “Porque, a menos que estés listo para caer por el equipo, realmente no puedes competir con nosotros.”

Una sonrisa divertida se dibujó en el rostro de Carter. Sus ojos grises brillaban. “Ya veo.”

“Realmente no me gusta tu uso de ‘nosotros’, viendo que ya has descartado cualquier participación de tu parte,” le señalé a Jerome, imitando su anterior tono sarcástico.

Peter suspiró, viéndose bastante angustiado. “¿Dónde en la tierra voy a encontrar zapatos de bolos de buen gusto?”

“¿Cual va a ser el nombre de nuestro equipo?” preguntó Cody. Eso inmediatamente degeneró a una conversación de sugerencias verdaderamente horribles, como Sin Alma en Seattle y Decisión Dividida. Después de casi una hora, no podía aguantar más.

“Creo que me iré a casa,” dije, parándome. Había querido postre pero temía ser reclutada para voleibol de playa y cricket si me quedaba más tiempo. “Traje el vino. Ustedes ya no me necesitan realmente.”

“Cuando llegues a casa, dile a mi vástago díscolo que necesito que los entrene,” dijo Jerome.

“Por ‘hogar’, en realidad me refiero al departamento de Seth,” dije. “Pero si veo a Roman, le haré saber que has encontrado un buen uso para sus formidables poderes cósmicos.” Roman—el hijo medio humano de Jerome y mi compañero de habitación—en realidad era un jugador de bolos verdaderamente bueno, pero no quería alentar a Jerome.

“¡Espera!” Saltó Peter detrás de mí. “Tienes que participar en el Santa Secreto primero.”

“Oh, vamos—“

“Sin quejarse,” me discutió. Se apresuró a la cocina y regresó con un tarro de galletas de cerámica con forma de muñeco de nueve. Lo empujó hacia mí. “Saca. El nombre que saques es a quien le comprarás el regalo, así que no trates de escaparte de esto.”

Saqué un pedazo de papel y lo abrí. Georgina.

“No puedo—“

Peter levantó una mano para silenciarme. “Sacaste el nombre. Ese es el que te tocó. Sin discutir.”

Su mirada severa me detuvo de protestar más. “Bueno,” señalé pragmáticamente, “al menos tengo unas cuantas ideas.”

Para darle crédito, Peter me envió a casa con salsa de fondue de chocolate y un recipiente de fruta y marshmallows. Hugh y Cody estaban hablando del plan del equipo de bolos, tratando de elaborar un horario de práctica. Jerome y Carter decían poco y en cambio seguían mirándose el uno al otro de una manera especulativa y de complicidad que era típica de ellos. Era difícil leer algo de sus rostros, pero por una vez, Jerome desprendía una vibra de tener la delantera.

Dejé la Colina Capitolio y me fui al Distrito Universitario de Seattle al apartamento de Seth. Todas las ventanas estaban oscuras cuando me estacioné, y no pude evitar sonreír. Eran casi las once. Seth debió haberse ido a la cama temprano, algo que le había estado pidiendo por un tiempo. Pensando en eso, mi sonrisa desapareció tan rápidamente como había llegado. Unos meses atrás, la cuñada se Seth, Andrea, había sido diagnosticada con cáncer de ovario. La enfermedad había estado bastante avanzada cuando la detectaron, y aunque había comenzado el tratamiento casi inmediatamente, aun así el pronóstico no era prometedor. Peor aún, el tratamiento le había producido un enorme desgaste físico, uno que estaba poniendo a prueba la fuerza de la familia. Seth los estaba ayudando frecuentemente, especialmente cuando su hermano Terry estaba trabajando, ya que ahora era difícil para Andrea cuidar a sus cinco hijas. Seth había estado sacrificando tanto sueño como su carrera como escritor para cuidarlas.

Sabía que era necesario. Amaba a la familia de Seth y los había ayudado también. Pero aun así odiaba ver a Seth hecho polvo y sabía que le dolía dejar en espera su trabajo. El afirmaba que su escritura era el menor de sus problemas y tenía tiempo antes que las fechas topes fueran un problema, particularmente ya que sus dos libros siguientes estaban haciendo cola para imprimirse el próximo año. No podía discutirle eso, ¿pero el asunto de dormir? Si, se lo decía constantemente y estaba feliz de ver que mis palabras habían tenido efecto esta noche.

Usé mi llave para entrar y me deslicé a través del departamento tan silenciosamente como fue posible. Prácticamente vivía aquí últimamente y no tuve problemas para avanzar por los muebles en la oscuridad. Cuando llegué a su dormitorio, apenas podía distinguir su silueta envuelta en los cobertores, suavemente perfilado por la luz de su despertador. Silenciosamente me saqueé el abrigo y después cambie de forma a un camisón babydoll de algodón. Era sexy pero no descaradamente. Planeaba dormir con él esta noche, de verdad.

Me deslicé dentro de la cama y me apreté contra su espalda, poniendo ligeramente mi brazo contra su hombro desnudo. El aroma a canela y almizcle me inundó cuando se acurrucó más cerca. A pesar de reprenderme severamente porque él necesitaba dormir, pasé mis dedos ligeramente a lo largo de su brazo y le di otro beso a hurtadillas.

“Mmm,” murmuró, rodando hacia mí. “Eso se siente bien.”

Me di cuenta de golpe de varias cosas. Primero, Seth no usaba ningún tipo de perfume o loción que oliera a canela. Segundo, la voz de Seth no sonaba así. Tercero, y quizás más importantemente, Seth no estaba conmigo en la cama.

No pretendía gritar tan fuerte como lo hice. Sólo sucedió.

Estaba fuera de la cama en un destello, buscando a tientas el interruptor de la luz en la pared mientras el intruso intentaba pararse. Terminó enredándose con el cobertor y cayéndose de la cama con un estruendoso ruido sordo, justo cuando encontré la luz. Rápidamente busqué un arma, pero viendo que este era el dormitorio de Seth, mis opciones eran limitadas. El objeto más pesado y más peligroso que pude tomar fue el diccionario de Seth, una monstruosidad encuadernada en cuero que mantenía a mano porque “no confiaba en internet.”

Estaba parada preparada y lista para arrojarle literalmente el libro al intruso mientras él peleaba por ponerse de pie. Mientras lo hacía y yo lograba verlo bien, me di cuenta de algo disparatado. Se veía…familiar. No sólo eso, se parecía a Seth.

“¿Quién eres tú?” demandé.

“¿Quién eres tú?” exclamó. Se veía más confundido que cualquier otra cosa. No creo que encontrara la amenaza de una mujer de 1.62m con un diccionario muy aterradora.

Antes que pudiera responder, una mano tocó mi brazo. Di un aullido y le tiré el diccionario por instinto. El tipo lo esquivó, dejando que el libro se estrellara sin causar daños. Me di vuelta para ver quién me había tocado y me encontré mirando los ojos de una mujer de cabello blanco con anteojos de gato dorados. Estaba usando un pantalón de pijama floreado y una sudadera rosada con un crucigrama en ella. También llevaba un bate de beisbol, que era bastante impresionante—no sólo porque era más peligroso que un diccionario sino porque no sabía que Seth tuviera uno.

“¿Qué estás haciendo aquí?” preguntó ferozmente. Miró al estupefacto tipo sin camisa. “¿Estás bien?”

Por una fracción de segundo, realmente le di vueltas a la posibilidad que de alguna manera había entrado al apartamento de otra persona. Como, que quizás me había pasado una puerta. Esta escena era tan ridícula que una confusión parecía mucho más probable. Fue solo la evidencia obvia—como mi llave y el osito de peluche de Seth de la Universidad de Chicago observando este espectáculo—que me llevó a la conclusión de que de hecho estaba donde se suponía que debía estar.

Repentinamente, el sonido de la puerta del frente abriéndose y cerrándose sonó a través del apartamento. “¿Hola?” llegó una voz benditamente familiar.

“¡Seth!” exclamamos los tres al unisonó.

Momentos después, Seth apareció en la puerta. Como es usual, se veía adorable. Su cabello castaño rojizo se veía típicamente desaliñado, y estaba usando una camiseta de Dirty Dancing* que nunca le había visto antes. A pesar de mi pánico y confusión por la situación actual, la parte preocupada de mi notó los pequeños signos de fatiga en el rostro de Seth, los círculos oscuros y líneas de cansancio. El tenía treinta y seis y generalmente se veía más joven que su edad. Hoy no.

*Dirty Dancing, Pelicula de los años 90’ de baile (muy buena)


“Seth,” dijo la mujer que empuñaba el bate. “Esta dama irrumpió en tu casa.”

Nos miró a cada uno de nosotros antes de posar su mirada en ella. “Mamá,” dijo tranquilamente, “esa es mi novia. Por favor no la aporrees.”

“¿Desde cuándo tienes una novia?” preguntó el tipo.

“¿Desde cuándo tienes un bate de beisbol?” pregunté, recobrando la compostura.

Seth me dio una mirada irónica antes de tratar suavemente de quitar el bate de las manos de la mujer. Ella no lo soltó. “Georgina, esta es mi mamá, Margaret Mortensen. Y ese es mi hermano Ian. Chicos, esta es Georgina.”

“Hola,” dije, sintiendo un diferente tipo de sorpresa. Había escuchado un montón acerca de la madre y hermano menor de Seth pero no había esperado conocerlos en el corto plazo.

A la madre de Seth no le gustaba volar, e Ian era...bueno, por las historias que Seth y Terry habían contado, Ian era simplemente difícil de localizar en general. Él era el hermano Mortensen rebelde.

Margaret soltó el bate y esbozó una sonrisa educada pero cautelosa. “Es un placer conocerte.”

“Lo mismo,” dijo Ian. Ahora entendía porque se veía tan familiar. Además del hecho de que probablemente había visto una foto de él en algún lugar, también compartía algunos de los rasgos de Seth y Terry. Era alto como Seth pero con la cara más delgada de Terry. El cabello de Ian era completamente castaño, sin toques cobrizos, pero tenía el mismo aspecto desordenado que el de Seth. Excepto que, examinándolo más de cerca, tenía la sensación que el de Ian había sido peinado de esa manera a propósito con la ayuda de mucho tiempo y productos.

Seth repentinamente nos dio una segunda mirada a Ian y a mí. No tenía siquiera que decir algo para que adivine la pregunta en su mente. O preguntas, quizás.

Mi camisón e Ian sin camisa sin duda sugerían un buen número de ellas.

La defensa de Ian llegó veloz y segura. “Ella se metió a la cama conmigo.”

“Pensé que eras tú,” dije.

La madre de Seth hizo un ruido extraño con su garganta.

“Se supone que estarías en el sofá,” dijo Seth en tono acusatorio.

Ian se encogió de hombres. “Es incomodo. Y tú no habías llegado a casa todavía, así que supuse que no le haría daño a nadie. ¿Cómo se supone que iba saber que una mujer iba a venir a maltratarme mientras duermo?”

“¡No te maltraté!” grité.

Seth se frotó los ojos, recordándome nuevamente lo exhausto que estaba. “Miren, lo hecho, hecho está. ¿Por qué no nos vamos todos a la cama—donde se supone que debemos ir—y después se conocen mejor en la mañana, está bien?”

Margaret me miró. “¿Ella va a dormir aquí? ¿Contigo?”

“Si, Mamá,” dijo él pacientemente. “Conmigo. Porque soy un hombre adulto. Y este es mi hogar. Y porque en treinta y seis años, esta no es la primera mujer que pasa la noche conmigo.”

Su madre se veía espantada, y yo me devané los sesos buscando un tema más cómodo. “Tu camisa es genial.” Ahora que no estaba amenazándome con golpearme, podía ver que el crucigrama deletreaba los nombres de sus cinco nietas. “Amo a las chicas.”

“Gracias,” dijo. “Cada una de ellas es una bendición, nacida dentro de los confines sagrados del matrimonio.”

Antes de que pudiera siquiera tratar de encontrar una respuesta para eso, Ian gruñó. “Dios, Mamá. ¿Es del sitio web del que te dije que no ordenaras? Sabes que sus cosas son hechas en China. Conozco a una mujer que podría haberte hecho una de tejido orgánico sustentable.”

“La marihuana es una droga, no una tela,” le dijo ella.

“Buenas noches, ustedes,” dijo Seth, señalándole la puerta a su hermano. “Hablaremos en la mañana.”

Margaret e Ian murmuraron sus buenas noches, y ella se detuvo para besar a Seth en la mejilla—lo cual encontré que era en realidad bastante tierno. Cuando se hubieron ido y la puerta estaba cerrada, Seth se sentó en su cama y enterró su rostro en sus manos.

“Así que,” dije, sentándome a su lado. “¿Exactamente con cuantas mujeres has pasado la noche en treinta y seis años?”

Miró hacia arriba. “Ninguna que fuera pillada por mi mamá en tan poco ropa.”

Cogí la falda del camisón. “¿Esto? Esto es aburrido.”

“Siento eso,” añadió, haciendo un gesto con la mano vagamente hacia la puerta. “Debí haber llamado y advertirte. Acaban de llegar a la ciudad esta noche—sin avisar, por supuesto. No se puede esperar que Ian haga lo que la gente espera. Arruinaría su reputación. Aparecieron en la casa de Terry, pero no hay espacio para ellos ahí, así que les dije que se vinieran antes ya que estaban tan cansados. No tenía idea de que terminaría contigo tratando de dormir con mi hermano.”

“¡Seth!”

“Bromeando, bromeando.” Tomó mi mano y besó la palma. “¿Cómo estás tú? ¿Cómo estuvo tu día?”

“Bueno, hice mi mejor esfuerzo para evitar que Santa no se emborrachara y después descubrí que Jerome nos inscribió en un torneo de bolos Infernal.”

“Ya veo,” dijo Seth. “Así que. Lo usual.”

“Bastante. ¿Qué hay de ti?”

La pequeña sonrisa que había estado tirando de sus labios desapareció. “¿Además de los familiares inesperados? Lo usual, también. Terry estuvo trabajando hasta tarde, así que estuve toda la noche con las chicas mientras Andrea descansaba. Kendall tenía que construir una sistema solar de papel maché, así que fue divertido para todos.” Levantó sus manos y movió sus dedos cubiertos con un polvo blanco.

“Y déjame adivinar. ¿Nada de escritura?”

Se encogió de hombros. “No es importante.”

“Debiste haberme llamado. Pude haberlas cuidado mientras tu escribías.”

“Estabas trabajando y después… ¿qué, noche de fondue, cierto?” Se levantó y se sacó su camisa y jeans, quedándose con bóxers verdes de franela.

“¿Y cómo sabías eso?” pregunté. “Yo apenas lo sabía.”

“Estaba en la lista del mail de Peter.”

“Bueno, a pesar de eso, no importa. Y ese trabajo del mall no es nada. Pude haber estado allá en un segundo.”

Entró en el baño y regresó unos momentos después con un cepillo de dientes en su boca. “Ese trabajo esnala. ¿No ti han ñamado de ninguna de tus entevistas?”

“No,” dije, sin añadir que no había ido a ninguna otra entrevista. Todo palidecía en comparación con Emerald City.

La conversación fue puesta en pausa mientras él terminaba de cepillarse los dientes. “Deberías estar haciendo algo mejor” dijo, una vez que había terminado.

“Estoy bien donde estoy. No me importa. Pero tú…tú no puedes seguir así. No estás durmiendo o trabajando lo suficiente.”

“No te preocupes por eso,” dijo. Apagó la luz y se arrastró dentro de la cama conmigo.

En la oscuridad, lo vi darle unas palmaditas al lugar a su lado. “Ven aquí. Soy solamente yo, lo prometo.”

Sonreí y me acurruqué a su lado. “Ian no olía correctamente, sabes. Quiero decir, olía bien, pero no como tú.”

“Estoy seguro que gasta injustificadas cantidades de dinero para oler bien,” murmuró Seth en un bostezo.

“¿Cómo se gana la vida?”

“Difícil decirlo. Siempre tiene nuevos trabajos. O no tiene trabajo. Todo el dinero que tiene va dirigido a mantener su muy reñido estilo de vida cuidadosamente informal. ¿Has visto su abrigo?”

“No. La única ropa suya que he visto son sus bóxers.”

“Ah. Bueno, debe estar en la sala de estar. Parece como si viniera de una tienda de segunda mano pero probablemente costó cuatro dígitos.” Suspiró. “Aunque, no debería ser tan duro con él. Quiero decir, sí, probablemente me pida dinero mientras esté aquí, pero no puedo criticarles a él o a mamá venir a ayudar. Al menos, pueden ayudar a cuidar a las niñas.”

Envolví mis brazos alrededor de Seth y respiré su aroma. Era el correcto, y era intoxicante. “Y tú puedes ponerte al día con algo de escritura.”

“Tal vez,” dijo. “Veremos cómo va. Sólo espero que no tenga que hacer de niñera de Mamá e Ian más que de las niñas.”

“¿Qué tan mala impresión le di a ella?” pregunté.

“No tan mala. Quiero decir, no peor que la que cualquier mujer—con poca ropa o de otra manera—le habría dado que estuviera pasando la noche conmigo.” Besó mi frente. “No es tan mala. No te engañes por su acto de abuela conservadora del medio oeste. Creo que ustedes se llevaran bien.”

Quería preguntarle si Maddie había conocido a Margaret y, si fue así, como se habían llevado. Me mordí la lengua para no hacer la pregunta. No importaba. Estaba en el pasado, y Seth y yo éramos el presente. A veces, especialmente quedándome aquí tanto como lo hacía, se sentía un poco extraño recordar que Maddie había vivido con él también. Todavía había pequeños toques aquí y allá que llevaban la marca de su influencia. Por ejemplo, Margaret estaba seguramente quedándose en la oficina de Seth, la cual tenía un futón, cortesía de la ingenuidad de Maddie. Ella había sido la que había sugerido que él consiguiera uno para ayudar a hacer que la oficina sirviera también como cuarto de invitados. Maddie se había ido; el futón se había quedado.

Sin embargo, trataba de no pensar en esas cosas muy seguido. Viendo el cuadro general, no importaban. Seth y yo habíamos pasado por demasiado para que me preocupe por algo así. Habíamos superado los problemas en nuestra relación. Yo había aceptado su mortalidad y su decisión de arriesgar su vida al estar en contacto físico conmigo. Verdad, yo todavía racionaba nuestra vida sexual, pero el hecho de que lo permitiera en absoluto era una gran concesión de mi parte. Mientras tanto, el aceptaba la horrible verdad de que yo frecuentemente salía a dormir con otros hombres para poder sostener mi existencia. Eran cosas difíciles para nosotros, pero valía la pena para poder estar juntos. Todo por lo que habíamos pasado valía la pena.

“Te amo,” le dije.

Me dio un suave beso en los labios y tiró de mi más cerca. “Yo también te amo.” Entonces, haciéndose eco de mis pensamientos, añadió, “Haces que todo esto valga la pena. Todas estas cosas con las que estoy lidiando…puedo hacer porque estás en mi vida, Thetis.”

Thetis. Ese era su apodo desde hace mucho tiempo para mí, viniendo de la diosa cambia formas de la mitología Griega que había sido ganado por un mortal inquebrantable. Me llamaba así todo el tiempo—y Letha, sólo una vez. Pensé nuevamente en esa noche. Los sentimientos que removía parecían no desaparecer, pero nuevamente traté de forzarlos a un lado. Era otra de esas pequeñas cosas que estaba tratando no permitir que me molestaran. No era nada comparado con la grandeza de nuestro amor, y como mis amigos habían dicho, Seth probablemente había pasado a oír el nombre.

Caí en un sueño satisfecho, sólo para ser despertada abruptamente alrededor del amanecer. Mis ojos se abrieron, y me senté derecha. Seth cambió de posición y rodó pero no fue despertado por mi movimiento repentino. Miré alrededor de la habitación, mi corazón corriendo. Había sido sacada de mi sueño por una presencia inmortal, una que no conocía. Se había sentido demoniaco.

No había nada aquí ahora, visible o invisible, pero sabía con certeza que algún sirviente del Infierno acaba de estar en la habitación. Esta no era la primera vez que había tenido visitantes no bienvenidos durante mi sueño, con frecuencia unos con intenciones viles. Por supuesto, acaba de sentir a este demonio, y los demonios—siendo inmortales superiores, no un humano convertido en inmortal menor como yo—podían enmascarar su firma inmortal. Si él o ella hubieran querido entrar a hurtadillas o herirme sin ser detectado, podrían haberlo hecho. Sin embargo a éste no le había importado ser descubierto.

Me deslicé fuera de la cama y continué estudiando la habitación, buscando algún signo o razón para el paso del demonio. Estaba segura que habría una. Ahí. Por el rabillo del ojo, capté un destello rojo—en mi cartera. Había un sobre de negocios sobre ella. Me dirigí apresuradamente y tomé el sobre. Estaba cálido cuando lo toqué, peor mientras lo abría tranquilamente, comencé a sentir frio. Ese sentimiento se intensificó cuando saqué una carta impresa en papelería oficial del Infierno. Nada bueno podía venir de esto.

La salida del sol había filtrado más que suficiente luz en la habitación para leerla. La carta estaba dirigida a Letha (alias: Georgina Kincaid), de RR.HH del infierno:
Este es el aviso de 30 días de su transferencia. Su nueva asignación comenzará el 15 de Enero. Por favor realizar arreglos de viaje para dejar Seattle y repórtese a su nueva ubicación de manera oportuna.


3 comentarios:

Baby_Sunshine dijo...

gracias, estoy que me muero por saber más de esta maravillosa serie!!!
Son increíbles por el esfuerzo, muchísimas gracias!!!

Anirac dijo...

AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

estaba re ansiosa esperando q comenzara la traduccion!! MUCHAS GRACIAS por todo el esfuerzo


y seguire espernado capis ;)

Susan dijo...

chicas muchas gracias... son un sol... las amo...
Y debo pedirles permiso para poner en mi blog http://decabezaporunlibro.blogspot.com sus link es decir el nombre del foro para que las personas que vean la noticia puedan llegar hasta acá y ver el trabajo que estan haciendo...
Espero no os moleste... Les dejo mi correo para que me escriban y así poder contar con su autorización.... plissss... no quiero que esto las moleste...
mi correo es surra91@bancoestado.cl
Mil besos y nuevamente muchas gracias...

Susan...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...